EL MAPA DE MI PIEL, de María Montesinos

ROMÁNTICA CONTEMPORÁNEA
EL MAPA DE MI PIEL ★★


Una historia íntima y positiva sobre las segundas oportunidades, sobre lo que perdemos y lo que ganamos cuando la vida nos pone a prueba.


Tenía ganas de seguir descubriendo a María Montesinos después de haber leído La estúpida idea de dejarte marchar, pero no lo he hecho hasta ahora por el tema que trataba esta novela: el cáncer de mama. Reconozco que me tiraba para atrás, no quería leer sobre ello, porque creo que es inevitable sentir miedo, más cuando a nuestro alrededor hay alguien que ha padecido esta enfermedad y ha perdido la batalla.

Lidia me animó y la leímos juntas. Sólo había leído un par de capítulos cuando saltó la noticia del fallecimiento de Bimba Bosé y me costó volver a coger el libro. No podía dejar de pensar "vaya día para ponerme a leer esta historia". Pero lo hice y ahora veo que era necesario, la historia de Celia es necesaria. Porque María no se recrea en la tristeza, en el dolor o en el drama como podría haber hecho, todo lo contrario. El mapa de mi piel es un canto a la esperanza, a la vida y a las ganas de disfrutar de la misma al máximo. El tema está tratado con delicadeza, con mimo, con el cuidado que solo puede poner en sus palabras alguien que ha sentido esta enfermedad muy de cerca.

Celia es una superviviente. Una guerrera que siente su cicatriz como una batalla ganada, aunque por el camino haya perdido, además de su pecho izquierdo, muchas otras cosas: su mejor amiga, su relación con Mario, su trabajo... Pero ahora tiene en sus manos un nuevo comienzo, una nueva vida, una nueva ilusión. Una oportunidad para ser feliz. Para VIVIR. Y esa nueva etapa es justamente lo que María nos cuenta en El mapa de mi piel. La vida de Celia un año después del diagnostico y de la operación. Sus pensamientos, su recuperación, sus ganas de seguir adelante y de luchar.

Nunca sabemos lo que ocurrirá mañana. Esa incertidumbre nos acompaña desde el día en que nacemos, y sobre todo, desde el día en que somos realmente conscientes de que algún día moriremos, aunque no sepamos cuándo ni cómo. (...) Eso es lo emocionante de la vida, la cajita de Forrest Gump, llena de bombones dulces y amargos, de los que te gustan y los que no, aunque sepas que, al final, vas a tener que comértelos todos. Es mejor así, vivir una vida inesperada, con amores inesperados, carreteras poco transitadas, curvas de agárrate y no te menees, giros de ciento ochenta grados que te obligan a ir despacio, en buena compañía, disfrutando el paisaje, sin importar cuándo llegues. Todos terminamos llegando de una forma u otra.
Podría hablaros mucho más de Celia, de sus miedos, de sus dudas, de esa nueva vida, de Leo, de Nico... ¿Pero sabéis? Creo que en este caso estaría haciendo mal, os estaría descubriendo sentimientos y emociones que debéis sentir en vuestra propia piel junto a Celia, con cada palabra, con cada página de su historia. ¿Sabéis esa sensación que se os queda en el cuerpo cuando sentís que una historia os ha hecho bien? Terminé El mapa de mi piel sintiendo que me había hecho bien su lectura, que no haberla leído dejándome llevar por mi respeto, hubiera sido un error. Leerla con Lidia sólo fue la guinda que le hacía falta a esta lectura, era una compañía que necesitaba para hacer frente a la historia de Celia.


Sé que la banda sonora que suena en la historia de Celia para María Montesinos es La vie en rose versionada por Zaz, pero con su permiso, esta es una de esas veces en las que la historia me pide una canción diferente y quiero que suene la voz de Bimba. Ella, con su lucha, su sonrisa constante y ese optimismo que rezumaba. Tan diferente, tan única. Tan Celia en su misma batalla. Entre caminos, sin esperarlo, siento que le viene como anillo al dedo a la historia de Celia.



OTRAS RESEÑAS DE MARÍA MONTESINOS

La estúpida idea de dejarte marchar

...menos mal que me quemé

Casi me lo pierdo de Primero de Poeta
Patricia Benito


«Estuve a punto de irme.
Casi me pierdo el abrazo prometido.
No era el sitio perfecto.

A veces pienso que es tan difícil...
Que se junten dos personas,
que se rían al mismo tiempo,
que se sientan en el mismo intento,
que se piensen con el mismo vuelco.

A veces creo que es complicado.
Que se encuentren dos ganas,
que se pestañeen sincronizadas,
que se alineen desenredadas,
que se deseen desenfrenadas.

A veces parece imposible.
Que se quieran para después,
que se desmonten siempre al revés
y se desboquen sobre parquet.

A veces lo dudo.
Que se desarmen sin tapujos,
que se acicalen sin orgullo,
que se rescaten sin ningún truco.

A veces, no sé.
Demasiados requisitos para querer.

Estuve a punto de irme.
Casi me lo pierdo.
Menos mal que me quemé».


ENERO. Dos años


Enero acaba y Miss Brandon cumple dos años, cosa que hasta hace un par de horas ni siquiera recordaba. Mientras comía no dejaba de darle vueltas a lo que estos dos años han supuesto en mi vida, también pensaba "¿no haberme acordado antes para preparar algo (bonito) será mala señal?". 

Miss Brandon ha sido un ancla a la que agarrarme cuando la tristeza me pegaba bocados, un refugio donde escuchar canciones y un papel en blanco donde vomitar todo lo que sentía leyendo. Un diario de vida, de música y de libros. Echando la vista atrás ganan los buenos momentos a los malos, gana lo que he aprendido desde que estoy aquí, la gente maravillosa que se ha cruzado en mi camino, las buenas historias que he descubierto y esas opiniones compartidas.

He aprendido a escribir mejor y a hacerlo sin miedo, sin filtro, sintiendo cada palabra, dejando una parte de mi en cada entrada. También a leer de una manera más reflexiva, sacando todo el jugo posible a cada historia que ha pasado por mis manos. Y a dejarme llevar, leer en cada momento lo que me hiciera sentir plena, lo que me pidiera el cuerpo, obviando listas interminables y propósitos sin sustancia. Me he empapado de recomendaciones y consejos, y he compartido cicatrices y recuerdos. He capeado temporales sin sentido y he limpiado la mierda que me ha salpicado. 

Si Miss Brandon hoy sigue existiendo tengo muy claro que es, principalmente, por gente cómo Ani, Lidia, Elena, Carol y María Ángeles. Ellas, con sus blogs —¡Elena, hazte un blog!—, con sus palabras y con su sencillez, me han demostrado que hay un pequeño universo paralelo, quizá no tan glamuroso y brillante, pero tan lleno de verdad que deslumbra si no estás ciega. Sois la inspiración que hace falta para seguir al timón y no dejar que esto se hunda.

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NADA SE OPONE A LA NOCHE, de Delphine de Vigan

NARRATIVA CONTEMPORÁNEA
RIEN NE S'OPPOSE À LA NUIT ★★


Escribo de Lucile con mis ojos de niña que creció demasiado deprisa, escribo ese misterio que siempre fue ella para mí, a la vez tan presente y tan lejana, ella, que, desde que cumplí diez años, nunca más me cogió en brazos...


Recuerdo la primera vez que vi la portada de Nada se opone a la noche, fue en septiembre del 2012 y acababa de salir a la venta. ¿No hay portadas que por algún motivo os llaman irremediablemente la atención? A mi me la llamó esa fotografía en blanco y negro, de una mujer joven, rubia, bonita, con un cigarrillo en la mano. Apunté el título en una de esas listas que hacía en libretas medio gastadas. Y reconozco que con los años me olvidé un poco de él. Y de las listas, y de las libretas...

En septiembre del año pasado volvía a ver de actualidad ese nombre: Delphine de Vigan. Una nueva novela en español, Basada en hechos reales, y recordé a aquella mujer rubia de la portada de Nada se opone a la noche. Quiero pensar que fue una de esas señales, o una tabla flotando que llegaba para salvar Miss Brandon de un naufragio casi anunciado. Los que me seguís habitualmente sabéis de mi desgaste, de lo cansada que estaba de leer historias que no me decían nada, de lo triste que me ponía —y me pone— sentir que la romántica cada día está más vacía —con excepciones, claro—, de la crisis lectora que estaba arrastrando desde los primeros días del año. Necesitaba algo diferente y en plena ola siberiana, una tarde volví a casa con tres libros de la biblioteca. Uno de ellos era Nada se opone a la noche.

Empecé su lectura con miedo, lo confieso, miedo de no saber digerir la historia de Lucile. Una historia llena de tragedia, de dolor, de excesos, de enfermedad. Lucile, la hija, la hermana, la mujer, la madre. La madre de Delphine de Vigan, la autora del libro. La que encuentra el cuerpo sin vida de Lucile una fría mañana de enero y decide reconstruir su historia —recopilar fotos, diarios personales, recortes de periódicos, cintas de casette de su abuelo Georges, vacaciones familiares grabadas en súper 8—, quizá queriendo saber, o aún sabiendo, queriendo entender qué fue lo que desencadenó todo lo que vino después. Porque Delphine sabía desde niña que su madre no estaba bien, y que quizá, algún día no la pudieran salvar.


Me gustaría ser capaz de escribir lo que le pasó a Lucile, minuto a minuto, encontrar el momento exacto en el que descarriló, examinar el fenómeno con microscopio, descubrir el misterio, la química.
Me parece tan tremendamente doloroso y valiente escribir un libro como el que ha escrito Delphine, sobre su familia, su madre, su propia historia. Hay retazos del libro dónde toma aliento para seguir adelante. Nos cuenta como entrevistaba a sus tíos —los hermanos de su madre—, como reabría viejas heridas, y sin pretenderlo, quizá les estuviera haciendo daño al recordar pasajes que marcaron tanto su infancia y su juventud. El mismo dolor que ella siente con cada pieza que encaja en el puzle de Lucile. Porque lo que Delphine conocía de su madre era una mínima parte de lo que fue Lucile Poirier, de su vida, de su vacío, de ese mundo interior al que nadie parecía tener acceso. Y lo sientes, sientes ese dolor junto a Delphine mientras teclea, mientras descubre, mientras rememora su infancia y la de su hermana Manon. Porque la vida con Lucile no fue fácil de llevar, y menos, para unas niñas.


Si tuviera que definir Nada se opone a la noche con una palabra sería BRUTAL. Es uno de los libros que más poso me han dejado en toda mi vida lectora. Es un libro duro, sí, de los que duelen, de los que rompen, de los que laceran, de los que sientes en carne viva, pero merece la pena su lectura, merece la pena descubrir la maravillosa pluma de Delphine de Vigan y la sobrecogedora vida de su madre. Merece la pena conocer la historia de esta familia marcada por la tragedia y que se te empañen los ojos poniéndote en el pellejo de Delphine tras las teclas. Yo, sin duda, sé que seguiré leyéndola, porque he conectado de una manera especial con esta autora. Siento que muchas de sus palabras han puesto tiritas a algunas de mis heridas.

Llegados hasta este punto sólo puedo añadir que quiero leer absolutamente todo lo que hay publicado en español de esta autora francesa. Todo. Delphine de Vigan, me encantas, me dueles. Me has salvado.

Lucile se convirtió en esa mujer frágil, de belleza singular, divertida, silenciosa, a menudo subversiva, que durante mucho tiempo se mantuvo al borde del abismo, sin apartarlo completamente de su vista, esa mujer deseada, que suscitó pasiones; esa mujer fracturada, herida, humillada, que perdió todo en un día... (...) esa mujer inconsolable, culpable a perpetuidad, encerrada en su soledad.

Versión de Osez Joséphine de Alain Bashung y Jean Fauque.
Canción que acompañó a Delphine de Vigan en la escritura de Nada se opone a la noche, y de la cuál sacó el título: Rien ne s'oppose à la nuit.