Ode to my broken heart


Puto Blue Monday. Dicen que es el día más triste del año, todavía no he averiguado el por qué, tampoco me ha despertado demasiada curiosidad el saberlo, siendo sincera. Pero ayer realmente me fui a dormir con una sensación de tristeza, de pérdida. Volvía de mi último paseo del día con Luca cuando me enteré de la noticia. Dolores O'Riordan había fallecido repentinamente y me quedé en shock. Sigo en shock. ¿A alguien más se le rompió un poco el corazón al enterarse? 

The Cranberries ha sonado en muchas etapas de mi vida, es uno de los grupos que está en la lista de los que forman parte de mi banda sonora. Tengo pequeños recuerdos archivados en mi memoria, de esos que a pesar de los años no olvidas. Qué forman parte de tí, que te han hecho ser quién eres hoy.

Recuerdo en clase de música, cuando tenía unos diez años, nos hicieron preparar un baile por grupos, la canción era a libre elección. No tenían bastante con hacernos tocar la flauta y desgañitarnos cantando que también teníamos que monear para cachondeo general. Mi grupo eligió Zombie. En mi cabeza pasan imágenes ensayando en la terraza del piso de mis abuelos, rebobinando la cinta de cassette una y otra vez. Escuchando la voz de Dolores hasta la saciedad. Zombie en ese momento lo estaba petando, sonaba en todas partes y, aunque era solo una niña, el estribillo se me quedó grabado a fuego. Es una de las canciones del grupo que más he escuchado junto a Salvation, que también me chiflaba en aquella época. Y posiblemente, sea mi preferida.
Recuerdo uno de mis viajes a Almería, entrar en un Alcampo, pasear por la sección de libros y música y llevarme el recopilatorio Stars, que reunía las mejores canciones del año 1992 al 2002. Y al volver a casa escucharlo en bucle mientras deshacía la maleta.
Recuerdo también el primer regalo que me hizo Mr. Brandon cuando nos conocimos, fue el disco Bualadh Bos. Fueron meses de compartir música y vida antes de embarcarnos en lo que somos hoy. Él siempre me decía que uno de sus grupos favoritos era The Cranberries y que se había quedado a un paso de verlos en un concierto de Madrid. Juntos los escuchamos de todas las maneras posibles y discutimos sobre qué versión acústica era mejor. Yo siempre elegía Zombie, él me ponía I can't be with you.

Aquel primer verano escuché mucho Waltzing back, la versión en directo del disco que me había regalado, mientras el sol de agosto me daba en la cara. Con Not sorry fui consciente de que nunca podría perdonar a mi padre y con Ode to my family que en Barcelona se habían quedado mis años más llenos y bonitos. When you're gone sonó en cada despedida durante seis largos años y Just my imagination siempre supo ponerme de buen humor por muy torcido que se presentara el día.

Esta mañana Mr. Brandon estaba viendo vídeos de The Cranberries en youtube y he vuelto a sentir que habíamos perdido algo que forma parte de nosotros, algo que marcó nuestros inicios y nuestro camino. Hoy pensaba que ninguna canción nueva con la voz de Dolores formará parte de nuestra historia. Hoy pensaba que nunca podremos ir juntos a un concierto del grupo como siempre he querido. Los "sueños", a veces, no se cumplen. Puto Blue Monday. 

2017 en libros y música

Este año que ya termina la mayoría sabéis que he tenido mil razones para cerrar el blog y muy poquitas para seguir con él. De hecho, estuve ausente un tiempo pensando que así volvería con más ganas, pero no fue así. El cambio positivo llegó cuando empecé a borrar redes sociales, me distancié del mamoneo en el que se ha convertido el mundo de la novela romántica y me alejé de todo lo que no me gustaba y me cabreaba. Me encantaría deciros que ya no me cabreo, pero lo sigo haciendo, aunque de manera más sosegada. 

Todo esto, aunque no lo parezca, ha sido bueno, muy bueno para mis lecturas. No he leído tanto como los últimos cuatro o cinco años, pero he recuperado aquellas listas que hice hace mucho tiempo de libros que quería leer y que cuando me centré tanto en la novela romántica se quedaron olvidadas. Así que siento deciros que finalmente he decidido no incluir ninguna recomendación romántica en esta lista, simplemente os daré tres nombres: Marisa Sicilia, Laura Esparza y Andrea Longarela (Neïra). Son lo mejor que he leído en ese género este año. 


De Delphine de Vigan y de Nada se opone a la noche he hablado mucho. Aquí y en mi Instagram. Posiblemente sea mi mejor lectura del 2017, además de una de las mejores de mi vida. No es un libro que recomendaría a cualquiera porque es duro, porque es real, porque la autora se abre en canal y cuenta lo bueno y lo malo, lo que duele. Siempre he pensado que Delphine fue muy valiente, no creo que sea fácil escribir así, sangrando, como lo hace ella en este libro, sobre su familia y, especialmente, sobre su madre. A mí me hizo bien leerla, desde la distancia, desde lo diferentes que han sido nuestras vidas, pero con un nexo común. Un hilo finísimo que me une a ella y que hace que leerla me cure, me reconforte y se lleve mi pena. Gracias, Delphine.

El ruiseñor de Kristin Hannah tenía muchas papeletas para gustarme. Sabéis que todo lo que cae en mis manos sobre la Segunda Guerra Mundial me gusta leerlo. Lo tenía desde hace meses en la estantería, simplemente me faltaba hacerle el hueco que se merecía y cuando se lo hice fue maravilloso. Maravilloso el descubrir a una autora nueva con tanto que decir. La historia me dejó el corazón encogido, lo terminé llorando a lágrima viva. Puede que mucha gente piense que el tema ya está muy manido, pero yo siempre tengo la sensación de no saber lo suficiente, de necesitar más.

Rosa Montero es una de esas autoras rescatadas de mis listas #delañodelaparrala (vamos a llamarlas así). Tenía apuntado desde hace cosa de diez años Historia del rey transparente, pero al final me decanté por leer La ridícula idea de no volver a verte, principalmente por Marie Curie y porque era un libro que le había encantado a mi amiga Elena. No me equivoqué porque su lectura me dio más de lo que esperaba. Sentí que era uno de esos libros que curan, de los que de vez en cuando lees un capítulo y te hace bien. He leído más cosas de Rosa durante el año como La carne y me he hecho con gran parte de su bibliografía gracias a las ediciones de bolsillo y a las librerías de segunda mano.

Kent Haruf. Quedaos con ese nombre grabado a fuego y si tenéis la oportunidad de leer algo suyo hacedlo, porque es una delicia. Llevaba tiempo viendo en fotos de IG la novela Nosotros en la noche y no terminaba de animarme a leerlo. Entonces llegó Lidia y lo puso muy bien. Tengo que decir que Lidia (Cielos de Papel) conmigo nunca falla, sus recomendaciones son sagradas y esta vez tampoco falló. Me encantó. Me enamoré de la manera de escribir de Kent, sencilla, directa y tierna. Hay película en Netflix con Robert Redford y Jane Fonda como protagonistas. Merece mucho la pena también.

Sigo con Almudena Grandes. A Almudena la conocí hace años con Castillos de cartón, uno de mis libros preferidos. Siempre que me gusta mucho un libro me compro compulsivamente otros del autor/a y eso hice, pero todavía no había leído ninguno. Siempre quise leer El corazón helado, pero me costaba encontrarlo en condiciones (los que veía en bolsillo estaban que daban pena). A mediados de año lo encontré en formato grande en una librería de segunda mano y no me lo pensé. Tuvo que esperar hasta septiembre para que lo cogiera de la estantería, pero cuando lo hice me tuvo absorbida durante una semana entera. Deciros que me encantó sería quedarme corta. Leer esta historia fue liberador, me abrió mucho la mente, me hizo ver las cosas desde otra perspectiva y, una vez más, me hizo bien un libro (este año me ha pasado mucho). En octubre tuve la suerte de ir a la presentación de la nueva novela de Almudena (de los Episodios de una guerra interminable) y fue genial. Escucharla siempre me resulta muy interesante, me gusta que sea incómoda, que rebusque y saque a la luz sucesos que nos han querido esconder.

Y de Almudena Grandes paso a Federico García Lorca, porque a mis 33 años todavía no había leído nada de Lorca. Imperdonable, lo sé. Fue un impulso, me llamaban la atención algunos libros de Ian Gibson y un sábado me compré un par de ellos, en los dos hablaba de Lorca. Ese mismo fin de semana en La 2 dieron La novia, película de Paula Ortíz basada en Bodas de sangre. Sumad uno más uno. Fue ver la película y quedarme fascinada. Tenía que leer la obra de teatro, era una necesidad y fue... fue precioso. Necesité más dosis de Lorca y leí Yerma... y empecé La casa de Bernarda Alba. Y todo me gustó, todo me llenó, pero Bodas de sangre... Ay, Bodas de sangre se queda conmigo para siempre.

Dos lecturas de las que he disfrutado mucho este año y que no podía dejar fuera de esta entrada son: Oona y Salinger de Frédéric Beigbeder y Juliet, desnuda de Nick Hornby. La de Hornby estaba en mis listas #delañodelaparrala, a Beigbeder lo conocía de oídas, así que fue lanzarme a la piscina, volvía mi vena kamikaze. Lo cogí de la biblioteca, me picó la sinopsis. No había leído nada de Salinger, ni siquiera El guardián entre el centeno, desconocía quién era Oona, incluso su padre, Eugene O'neill. Para más inri poco más sabía de Charles Chaplin. Recordaba haber visto en clase de historia del mundo contemporáneo Tiempos modernos... Pero lo disfruté. Disfruté de ese amor entre Jerom y Oona, de esas cartas que Beigbeder se ha sacado de la manga magistralmente, y conocí un poco más a Chaplin. Cierto es que es una historia real novelada, pero a mí me gustó, es de esos libros que lees con gusto. ¿Leeré algo más suyo? Pues eso ya no lo sé, no hay otra novela del autor que a priori me haya llamado de la misma manera, pero esta historia merece la pena. 
¿Quién no ha escuchado hablar de Nick Hornby? Yo miles de veces, recomendaciones, reseñas, entrevistas, sus libros pueblan las librerías... pero a mí el que siempre me había llamado la atención era Juliet, desnuda. Lo empecé con un pelín de miedo, siempre me pasa cuando leo a un autor nuevo, los primeros capítulos me costaron, no me metía en la historia, me importaba tres pimientos Duncan y su fanatismo por Tucker Crowe, pero luego se obró la magia y fue fantástico. Anna y Tucker me metieron en su historia completamente, no tanto Duncan que me pareció durante toda la novela un sin sustancia. Pero acabé la historia con una sonrisa, con la sensación de haber leído una buena novela y con las ganas de seguir descubriendo a Hornby. Aquí a mi vera tengo otro libro suyo que recogí de la biblioteca el lunes, no digo más.

Mis dos últimas recomendaciones son diferentes. Una de ellas son dos cómics de Pénélope Bagieu. Valerosas. Mujeres que solo hacen lo que ellas quieren. El título ya tienta, ¿a que sí? Son dos tomos con quince historias cada uno y si sois un pelín curiosos os gustaran. Hay un poco de todo, actrices, rockeras, investigadoras, escritoras... historias que sinceramente, la mayoría yo desconocía. 
Y mi otra recomendación es distracción pura y dura, pero a veces necesaria. La trilogía Una corte de rosas y espinas. Me falta por leer el último libro que lo tengo en la estantería, pero los dos primeros libros me engancharon de manera brutal. La historia tiene todo, amor, acción, fantasía, piques legendarios. Los entendidos en la materia dicen que peca de ser un batiburrillo de muchas historias, pero para mí que soy nula en el género (mis conocimientos sobre fantasía se centran en Canción de hielo y fuego y algún libro de Brandon Sanderson) pues me pareció la mar de entretenida, adictiva e intensa. Para esos momentos en lo que necesitas evadirte y simplemente disfrutar, ¿qué más quieres?


Canciones que hablan de aceptación, de echar de menos, de volver a decir NO, rotundamente. Canciones que hablan del amor por mi tierra, del dolor por el atentado y la pena por lo de los últimos meses. Canciones de aprender a quererse y querer mejor a los demás. Canciones que reflejan enfado, tristeza y también paz y tranquilidad. Mi 2017 en canciones. (Podéis escucharlas pinchando encima de los títulos).

01. Seven nation army, de The White Stripes
02. Hell, de Tegan and Sara
03. Borne on the FM waves of the heart, de Against me! con Tegan Quin
04. Can't hold us, de Macklemore y Ryan Lewis con Ray Dalton
05. Pólvora mojada, de Rayden
06. Never give up, de Sia
07. What about us, de P!nk
08. Turn your light on me, de Lucy Schwartz
09. Cold little heart, de Michael Kiwanuka
10. Space Oditty, de David Bowie
11. Pay me back, de Aurora & The Betrayers
12. Cry to me, de Solomon Burke
13. Love, de Lana del Rey
14. Million reasons, de Lady Gaga
15. Horse's mane, de Animic
16. Over you, de Ingrid Michaelson con A great big world
17. Epilogue (La La Land Soundtrack), de Justin Hurwitz



¿Cómo se presenta el nuevo año? Pues voy a seguir desempolvando las listas #delañodelaparrala. Lo que quiere decir que voy empezar el año tal y como estoy terminando este. Leyendo narrativa contemporánea. Sin ir más lejos estoy leyendo Tan poca vida de Hanya Yanagihara, tenía previsto que fuera mi primera lectura del año, pero Lidia me dijo que era poner el listón muy alto para el resto de lecturas y leí un par de páginas y ya no pude parar. Así que terminaré el año a lo grande o lo empezaré, ya veremos. Os contaré.

También estoy preparando cambios en el blog, llevo semanas trasteando el diseño, siento que lo necesito para seguir y me he propuesto hacerlo. Seguir. No tirar la toalla y dar lo mejor de mí a quién quiera acompañarme.

¿Propósitos para el 2018? Cuidarme, en todos los aspectos posibles. Nada más.
¡Nos leemos el año que viene!

En carne viva


Llega diciembre y empiezo a poner en una balanza lo bueno y lo malo de estos meses. Hace unos días empecé a pensar en mi entrada del 31 de diciembre siguiendo el modelo de la que escribí el año pasado. Ya tenía la cabecera, ya sabía lo que quería contar y... esta mañana, fregando los platos mi cabeza ha ido por libre y sin quererlo, ni esperarlo, mentalmente ha empezado a escribir esta entrada. ¿No os pasa a veces? A mí antes me pasaba mucho, ¿recordáis mis entradas mensuales? Todas llegaban a mí de esa manera, espontáneamente, mientras hacía cualquier cosa y para no olvidarme de alguna frase la apuntaba en las Notas del móvil, o en la lista de la compra, o en la pizarra que tenemos en el frigorífico... cualquier sitio era bueno. Ahora ya no me pasa, ya sabéis que este año no ha sido bueno blogueramente hablando. He estado de capa caída, me quedé sin nada que decir, mi inspiración se perdió entre la mierda y la porquería, he sentido día tras día que ya no tenía chispa. Por eso esta mañana cuando me ha venido a la cabeza lo que quería contaros en esta entrada, me he dicho "Mónica, esta tarde enciendes el portátil y escribes, da igual el resultado final. Escribe y punto". Y aquí estoy.

Si miro atrás siento que ha sido un año de aceptación...

He sido de las que siempre se ha guiado más por el corazón que por la cabeza y con los años me he dado cuenta de que no es bueno. Sufres más y básicamente quedas como una gilipollas la mayor parte del tiempo. Y empiezo hablando de mi corazón porque últimamente he pensado mucho en ello, he pensado mucho en la gente que se ha quedado por el camino. Me ha costado aceptar que hay gente que está en nuestra vida solo de paso. Antes pensaba que querer a alguien era sinónimo de tenerle siempre contigo. Era una visión ilusa de la vida, lo sé, pero no concibo esa forma de querer a ratos. Sufrí mucho por ello al darme cuenta que gente a la que quería con todo mi corazón me dejaba por el camino sin pestañear. Puede parecer una absurdez pero al cumplir los treinta cambié el chip y empecé a dejar yo por el camino a quién sólo hacía que restarme, que hacerme daño, pero aún así es imposible no decepcionarte y este año me he llevado otra de las grandes, de las que duelen, de las que sangran. De las que se quedan ahí recordándote lo idiota que has sido. Pensaba que estaba curtida, pero a principios de verano llegó N y me dio otra estocada. Y dolió igual o más que la primera vez. Y volví a sentir miedo, miedo a querer, miedo a abrirme, miedo a entregarme. Miedo a que un día me den la estocada final y mi corazón se vuelva frío.

Empecé el año con unos pantalones que a día de hoy no me pasan de las caderas, otra aceptación más. Aceptar que peso diez kilos más que hace sólo dos años cuando me calzaba las zapatillas y salía a correr cada tarde con mi padrastro. La mayoría engordados en pocos meses. Puede parecer una gilipollez superficial esto que os cuento, pero el verdadero problema no es el peso, el problema es que no me sentía yo misma, era algo más de interior que de exterior, algo mucho más profundo. La ropa que iba desechando del armario porque me quedaba estrecha, mal o simplemente no me abrochaba, era solo una prueba del cambio. No ha sido fácil aceptar que el tiempo pasa y las cosas cambian. Ya ni siquiera me hacen sonreír las mismas cosas.

A principios de año también decidí no centrarme tanto en leer novela romántica y eso me ha hecho descubrir libros de esos que apuntas en la lista de Libros de tu vida. Como Nada se opone a la noche de Delphine de Vigan, que me hizo reconciliarme de alguna manera con una parte dolorosa de mi vida, fue catártico leerla, siento que hasta se me iluminaron los ojos de comprensión, necesitaba a alguien que me dijera "No estás sola y no eres un bicho raro. Yo también me he sentido así y te entiendo" y ahí estaba Delphine, susurrándome su dolor, su pena, su vida en 376 páginas desgarradoras e intensas. Gracias a ella acepté que las cosas son así, que no merece la pena llorar más, porque no cambiarán nunca. Luego llegó Rosa Montero con La ridícula idea de no volver a verte y fue como un bálsamo, lo terminé con la certeza de que a lo largo de mi vida recurriría a él más veces para sanar mi corazón. Para hacer frente al duelo. Es duro aceptar que la gente te deje en el camino, pero cuando es involuntariamente lo es más. Y por último, apareció El corazón helado de Almudena Grandes dándome algo que necesitaba mucho, acercarme a mi bisabuelo. Me hizo abrir mi mente y pensar que nunca conoceré sus circunstancias, que nunca sabré por qué tomó aquellas decisiones, que nunca sabré por qué se marchó y que lo único que tengo entre las manos es una parte de su vida en pedazos de papel. Sólo una pequeña parte de su vida. Él fue mucho más que eso, muchísimo más y hasta que no leí la novela de Almudena no lo comprendí, no lo acepté. Estaba cegada pensando en lo que no me gustaba, en lo que yo hubiera hecho en su lugar y fui injusta. Muy injusta. Y lo siento en el alma. Yo no estaba allí, yo nací casi setenta años después que él, yo no viví aquellos años duros e inciertos, yo ni siquiera había nacido cuando terminó la dictadura. Yo no sé nada. Lo único que sé y tengo claro es que seguiré buscándole. Seguiré buscándote. *Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes. Quiero minar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte. 

Este año también ha llegado el momento de arrepentirme un poco de estar lejos de casa. Cuando hice las maletas fue con muchos miedos a cuestas y uno de los que más peso tenían era el de no estar cuando a alguno de los míos le pasara algo. Y ese momento llegó demasiado pronto y el tren no fue lo suficientemente rápido para aliviar mi angustia. Por primera vez fui consciente de que la vida allí seguía sin mí y no me gustó sentirlo, no me gustó verlo y eso hizo que volviera a Villa Brandon triste, preocupada y un poco vacía. Y sí, por mi mente pasó como un flechazo el volver a casa. Vuelvo a ser injusta, me temo.

2017 ha sido un año tranquilo, plácido, sin grandes sobresaltos. Un año que ha pasado rápido y casi sin saborearlo, es lo único que me da pena, sentir que ha pasado en un suspiro y no lo he disfrutado plenamente, no al menos como me hubiera gustado. Ha sido un año en el que he pensado mucho, sobre todo, en el pasado, en las decisiones que tomé o tomaron por mí, en todo lo que perdí y en lo que ya no recuperaré.



*Fragmento de Elegía de Miguel Hernández, que también aparece en El corazón helado de Almudena Grandes.

Y te sigo por el aire como una brizna de hierba...


Tengo 32 años (vamos a contar 33 porque me queda un suspiro) y hasta hace unos días no había leído a Federico García Lorca. Podría echarle la culpa a la porquería de sistema educativo que tenemos, y no me faltaría razón, porque de Lorca dimos un par de pinceladas, prácticamente de pasada y nunca leímos nada suyo. Ni poesía, ni teatro. Nada. Más grave me parece que tuve una asignatura de Teatro durante un curso entero y tres cuartos de lo mismo. Pero no, hoy la culpa me la voy a echar yo misma por no haber leído nada suyo antes, cuando la lectura empezó a ser un placer, una vía de escape y un refugio. 

Mi abuelo es almeriense y hubo una época que cada año íbamos a visitar a la familia. Las raíces de F, mi bisabuelo. A mí siempre me ha encantado ir, además de porque me parece una tierra preciosa, porque soy una sentimentaloide de tomo y lomo, y siempre me ha emocionado pensar que estaba pisando las mismas calles, oliendo el mismo mar y disfrutando del mismo sol que en su día hizo F. En esos viajes anuales a Almería hicimos alguna escapada a Granada, a ver la Alhambra, a conocer la ciudad... y por avatares del destino acabamos comiendo en un restaurante con nombre La ruta de Lorca. No sé por qué en ese momento no busqué como loca algún libro de Lorca, no lo sé. Lo tenía ahí, como una señal luminosa dejándome cegata. La ruta de Lorca, Alfacar, Granada. Recuerdo que mi abuelo se quedó con el nombre y dos años más tarde, viajando a Málaga, volvimos a comer allí. Pero lo dejé pasar. Posiblemente si en ese momento le hubiera preguntado a mi abuelo "¿Has leído a Lorca?", él me hubiera dado alas y ganas para comprarme un libro suyo en la primera librería del camino. Escucharle siempre tiene ese efecto en mí, esas ansias de saber, de ser una esponja y empaparme de todo lo que sabe. Pero no lo hice, lo dejé pasar.

Hace unos días me compré un par de libros de Ian Gibson y en los dos aparece Lorca, fue pura casualidad y curiosidad, solo tenía en mente coger uno. Esto fue el sábado y el domingo en la tele emitieron La novia, película basada en Bodas de sangre de Lorca. Una amiga me ha enseñado a creer en las señales y esto es una como la copa de un pino.

La película me pareció bellísima, cierto que es una interpretación libre de la obra de Lorca, pero tiene todos sus ingredientes. Esa pasión, esa intensidad, ese paisaje rural, esa luna resplandeciente testigo de tanto. Incluso diálogos calcados de la obra. La manera de contar la historia es visualmente preciosa, cada gesto y cada mirada dice tantísimo... Supe en el momento de terminar de verla que tenía que leer Bodas de sangre, era totalmente necesario y me encontré pura poesía. No sé que esperaba exactamente encontrar, pero os digo que ni coña algo tan bello. No lo puedo calificar de otra manera. Que manera tan bonita, profunda y sentida de usar las palabras, de dar voz a los personajes, ese amor, ese desgarro, ese dolor. Estoy profundamente maravillada, antes me gustaba mucho el teatro, sobre todo los clásicos griegos, pero esto... esto es otra cosa y es nuestro. Debe ser una auténtica gozada tener la oportunidad de verla representada, de disfrutarla en vivo y en directo, de sentir los pelos de punta de la emoción. Me lo apunto en mi lista de cosas que hacer alguna vez en la vida: ver una obra de Lorca.

"(...) y no hay minuto del día
que estar contigo no quiera,
porque me arrastras y voy,
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire
como una brizna de hierba."

Llevo unos días pensando en las cosas tan maravillosas y grandes que nos hubiera regalado Federico García Lorca si no le hubieran arrebatado la vida de esa manera tan injusta e inhumana (como a tantos otros). ¿No creéis? Cuánta poesía se perdió en el camino de Víznar a Alfacar una madrugada de agosto de 1936. Qué tristeza más grande. Qué tristeza.