Póngamos que hablo de Madrid, de Anna Gavalda y de vivir

Principios de septiembre del 2010. Era la primera vez que pisaba Madrid, hacía sólo tres meses que todo había empezado, al lado de la vía 1 de la Estación del Norte de Valencia. Sólo tres meses desde que había tomado una decisión importante, y a la vez, un poco loca: embarcarme en una relación a distancia. En aquel momento la ilusión se mezclaba con las dudas y el miedo. Y si digo que ganaba la ilusión, mentiría.

Era 3 de septiembre cuando recorría por primera vez Atocha, mientras recordaba al maestro Sabina cantar aquello de "a mitad de camino entre el infierno y el cielo, yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid". Una frase que con el tiempo acabaría teniendo todo el sentido para mí. Por aquel entonces empezaba a tener la buena costumbre de comprar un libro en cada ciudad que visitaba. En mis estanterías ya había un ejemplar de Harry Potter y la piedra filosofal de Málaga, uno de Desde mi cielo de Almería, entre otros. De ese primer viaje a Madrid me llevé en la maleta nuevos sueños, momentos que recordaré siempre y Juntos, nada más de Anna Gavalda. Una historia que leí en la casa familiar del pueblo, mientras el sol de mediados de septiembre se colaba por mi ventana. Fue aquellas tardes de los últimos coletazos del verano, cuando empecé a sentir ese 'echar de menos' que con los años, me calaría hasta los huesos. 

Anna Gavalda me enamoró, me conquistó totalmente con una historia entrañable sobre cuatro supervivientes magullados por la vida. Camille, Philibert, Franck y Paulette me enseñaron que la felicidad llega a nuestra vida de la mano de esa gente que nos hace bien, nos hace mejores y nos llena. Ensemble c'est tout, su versión cinematográfica, fue sólo la guinda que faltaba a esas páginas que Gavalda había escrito años atrás. Disfruté de ella, de Audrey Tautou, Laurent Stocker y Guillaume Canet, con la misma sonrisa en la cara que cuando descubrí la novela. Y creo que también en el proceso me quedé un poco prendada de Canet, al que seguí la pista después de verlo en el papel de Franck y, gracias a eso, descubrí la joya de la corona: Quiéreme si te atreves. Una de mis películas preferidas, en la que comparte protagonismo con Marion Cotillard.


Hace unos días estuve en casa, en Castellón, hacía tres meses que no veía a mi familia, y aprovechando mi 32 cumpleaños, hice la maleta y soplé las velas con los míos. Cuando llegó el momento de volver a Villa Brandon tuve el problemita de siempre, ¿qué libros me llevaba en la maleta? Porque en Castellón siguen el 80% de mis libros sin exagerar ni pizca, y al final, acabé metiendo en el bolso Juntos, nada más, el libro que vino a casa conmigo cuando empezó todo. Cuando Mr. Brandon me enseñó lo bonita que era Madrid, lo fácil que era sonreír y lo maravilloso que era sentir que por fin encajaba con alguien. Juntos, nada más tenía que volver conmigo a Madrid seis años después, pisar de nuevo Atocha juntos y acabar en la estantería del salón. Del salón Brandon. Porque sin pretenderlo la historia de Anna Gavalda formó parte de algo que ha terminado siendo muy grande. Porque Mr. Brandon, al igual que de alguna manera Franck hace con Camille, tiró abajo todos mis muros y me enseñó, sobre todo, que en la vida hay colores de los que yo, sin darme cuenta, me estaba privando. Me enseñó a vivir.
Juntos, nada más tenía que estar aquí, con nosotros, cerrando de alguna manera el círculo.


—Cierra los puños, arquea la espalda, dobla los brazos, crúzalos y acércatelos a la barbilla... Así...
—¿Por qué? —se extrañó Camille.
—Porque sí... Tienes que reventar esa piel que se te ha quedado pequeña, así... Mira... Te estás ahogando dentro de esa piel... Tienes que salir de ella ya... Venga... Quiero oír cómo revienta la costura de la espalda.


Camille sonreía.
—Joder, no... Guárdate esa sonrisa de mierda... No la quiero... ¡No es eso lo que te pido! ¡Yo te pido que vivas, joder!


EL CONJURO, de Mariah Evans

TIME TRAVEL
EL CONJURO


¿Qué pasará una vez que la magia del conjuro se disipe? 

¿Logrará el amor traspasar las barreras del tiempo?


Cuando Mariah Evans anunció su nueva novela tenía la certeza de que disfrutaría con ella. Escocia y un highlander que viaja en el tiempo eran las palabras mágicas para que la leyera con ilusión y muchas ganas. Y no me he equivocado, porque he disfrutado como una enana de esta historia bonita, tierna, divertida y... mágica, valga la redundancia. 

Anaís es una joven abogada británica que reside en Escocia. Acaba de dejarlo con su novio Jacob, después de que éste le fuera infiel. Para animarla, su amiga Jane le monta una noche de fiesta, en la que las copas corren como la espuma y, como consecuencia, acaban en un tarot haciendo un conjuro de amor para Anaís. El tema se les va un pelín de las manos, sobre todo a Jane, que empieza a describir las fabulosas cualidades que debe tener ese hombre perfecto para su amiga. Que sepa montar a caballo, que sepa luchar, que sea un chico fuerte y tierno, buen amante, de ojos claros... Y en fin, ya os podéis imaginar, el hombre perfecto de novela romántica, esas novelas que tanto le apasionan a Anaís.

Cuando Anaís llega a casa se encuentra en el jardín a un chico vestido de highlander y claro, piensa que es un loco que se ha colado en su casa y quiere hacerle daño. ¿Qué va a pensar la pobre en esa situación y con unas copas de más? Pero ese chico no es un loco, es Neilan Cameron, un highlander que ha viajado desde 1745 y está totalmente perdido, no sabe qué ha ocurrido para terminar en el jardín de esa chica que viste ¿pantalones?

Neilan Alexander Cameron Maclean no pensaba que después de sobrevivir a la batalla de Inverness las cosas se complicaran todavía más. No pensaba que tendría que huir de su hogar con el corazón roto en mil pedazos y con los casacas rojas pisándole los talones. Pero cuando más agotado y derrotado se encuentra, aparece en el bosque una misteriosa mujer que le ofrece un cambio de vida, sólo tiene que beber una poción y despierta en el jardín de Anaís, en el año 2018.


A partir de este punto las situaciones divertidas se suceden una detrás de otra. Neilan tendrá que adaptarse a una vida totalmente diferente a la suya en el siglo XVIII y a un mundo que, en muchas ocasiones, no entiende. Pero no le quedará más remedio, porque permanecerá en el siglo XXI durante veintisiete días, el tiempo que dura el conjuro. Veintisiete días en los que Anaís y Neilan acabarán irremediablemente enamorados, a pesar de que Anaís ponga todo su empeño por evitarlo. No quiere volver a sufrir, sabe que Neilan pronto se marchará para no volver y se quedará de nuevo completamente sola, sin familia y casi sin amigos. Neilan, por su parte, siente un dolor parecido, quiere volver con su gente, con su clan, pero tampoco quiere dejar a Anaís.

—Y… ¿Por qué no te quedas aquí? Conmigo —susurró algo tímida.
Neilan le sonrió de una forma tierna aunque al momento un dolor recorrió su rostro. No había nada que desease más que quedarse con ella. Ahora, la época en la que había cabalgado a lomos de un caballo, huido de los casacas rojas, combatido contra británicos… quedaba muy lejana, como si fuese en otra vida. Él quería esa vida, una vida con ella, pero también tenía muy claro, por lo que le había explicado la bruja, que era imposible quedarse allí. ¿No sería peor si ella supiese que él quería quedarse a su lado? ¿Qué se iría en contra de su voluntad? ¿Qué a pesar de que había sido un periodo breve de tiempo jamás podría amar a una mujer como la amaba a ella?
—No puedo, Anaís —susurró con cierto matiz de dolor.

Ella apartó la mirada de él y aceptó mientras apretaba los labios. 

—¿No puedes? ¿O no quieres? —preguntó con temor.


No os voy a contar mucho más de la historia porque es para disfrutarla, pero sí os diré que el final me sorprendió, no era como esperaba, y aunque Mariah le da un final muy especial, a mi me dejó un pelín triste. Reconozco que el final que imaginaba en mi cabeza hubiera sido el típico y, posiblemente, le hubiera quitado la gracia al asunto, pero... Y ahora mismo me ato las manos para no soltar ni prenda y que descubráis vosotros que pasa con Neilan y Anaís. Si buscáis una historia divertida, tierna y mágica, esta es vuestra historia. Si disfrutáis con las historias de highlanders y de viajes en el tiempo, esta es vuestra historia.



OTRAS RESEÑAS DE MARIAH EVANS

En tiempos de guerra

LA ESTÚPIDA IDEA DE DEJARTE MARCHAR, de María Montesinos

ROMÁNTICA CONTEMPORÁNEA
LA ESTÚPIDA IDEA DE DEJARTE MARCHAR


Enamorarse de Lucas fue lo mejor que le ha pasado en toda su vida. 

 Sin embargo, todo se fastidió cuando, llegado el momento de la verdad, 

tomó la decisión de dejarlo marchar...


Siempre digo que las historias cotidianas son las que más me llegan, quizá porque es más fácil empatizar y ponerte en el pellejo de los protagonistas. La estúpida idea de dejarte marchar es un claro ejemplo de esas historias cercanas, que sientes un poco tuyas.

Julia es una joven extremeña que comparte piso en Madrid con sus amigos Alma y Miguel. Es periodista y se deja la piel día a día para hacerse un hueco en una profesión que le apasiona. Su primera oportunidad llegará en un periódico digital. Allí empezará su historia con Fran, un hombre que terminará minando la autoestima de Julia, hasta hacerla sentir pequeña e insignificante. El paso de Fran por la vida de Julia dejará una herida difícil de sanar y sólo conocer a Lucas, tiempo después, acabará de recomponer sus pedazos rotos.

Lucas llega por casualidad, como llegan las cosas importantes de la vida. Conoce a Julia en un evento de emprendedores y desde el primer momento saltan chispas entre ellos. Lucas tiene claro que quiere conocerla, pero Julia no quiere empezar nada con nadie, todavía sobrevuela el dolor que le infringió Fran en el pasado. Pero cómo dice una frase de Blaise Pascal "El corazón tiene razones que la razón desconoce", y Julia no podrá resistirse por mucho tiempo a ese simpático, cariñoso y tierno emprendedor. Y no me extraña, porque es un amor.


Todo funciona estupendamente entre ellos, su relación avanza de manera tan natural que Julia, a veces, no puede evitar sentir cierto miedo. Hasta que llega un momento en el que la vida les hace tomar una decisión importante en su relación y Julia... Julia decide dejar marchar a Lucas, a pesar de quererle con todo su corazón. ¿Y sabéis qué? Que no te puedes enfadar con ella por tomar esa decisión, porque la entiendes, porque en el fondo sabes que está haciendo lo mejor para los dos y no te queda más remedio que quedarte con esa sensación de tristeza al ver que se rompe algo que era precioso. Conforme avanzaba la lectura tenía un poco de miedo de que la justificación para dejar marchar a Lucas fuera absurda o cogida con pinzas, y no ha sido el caso.

A veces necesitamos dejar de analizar el pasado, de planificar el futuro, de averiguar exactamente cómo nos sentimos, de decidir qué queremos y… sólo debemos sentarnos y esperar a ver qué pasa.


Además de la historia de Julia y Lucas, La estúpida idea de dejarte marchar también narra la historia de Alma —la compañera de piso de Julia— y Óscar. Una historia secundaria que me ha mantenido enganchada, a ratos incluso más que la principal.

En definitiva, he disfrutado de la lectura, de la manera de narrar de María Montesinos y de su forma de presentarnos la historia de Julia, con esos trozos de su cuaderno del amor ahogado, dónde nos da pinceladas de la relación que mantuvo Julia con Fran y así entender mucho mejor a la Julia del presente. A la Julia que conoce Lucas.

Me quedo con muchísimas ganas de seguir leyendo a la autora, porque si mi valoración de esta historia no ha sido mucho más alta, ha sido sencillamente porque no me ha emocionado como pensaba que lo haría ese momento en el que Julia deja marchar a Lucas. Me veía rodeada de pañuelos de papel y echando lágrimas como puños, y no ha sido el caso. Ya sabéis, mi tonta teoría del pellizco en el corazón. Pero la historia, cómo os decía, la he disfrutado y me he llevado una grata sorpresa. 

QUERIDO SEÑOR DANIELS, de Brittainy C. Cherry

NEW ADULT
LOVING MR. DANIELS


Un amor prohibido

acompañado de las notas de Shakespeare


Después del buen sabor de boca que me dejó en su momento El aire que respira —obviando ese giro final peliculero e innecesario que me estropeó un poco la historia de Tristan y Elizabeth— tenía muchas ganas de seguir descubriendo a Brittainy C. Cherry. Ahora, después de haber leído Querido señor Daniels, puedo decir que describe los sentimientos y pensamientos de sus protagonistas como pocas autoras, que sabe perfectamente qué tecla toca para conmover, pero también que en muchas ocasiones quiere rizar demasiado el rizo, agregarle todavía más drama a la historia, y desde mi punto de vista, es algo que desluce un pelín el resultado final.

Ashlyn acaba de perder a su hermana gemela, después de una larga enfermedad. Con sólo diecinueve años tiene que lidiar con la pérdida de Gabby, pero también con la indiferencia de una madre que después de haber perdido a una de sus hijas ha caído en una depresión. Ashlyn tiene que mudarse con su padre a Edgewood, Wisconsin. Allí descubrirá que ese padre que no ha tenido presencia en su vida, y que prácticamente no conoce, ha creado una nueva familia de la que ella no sabía nada. A partir de entonces tendrá que convivir con su padre, Rebecca y con los hijos de ésta: Ryan y Hailey. Pero el rayito de luz que Ashlyn necesita para seguir adelante no tarda en llegar. Llega en forma de unos ojos azules preciosos, impresionantes y radiantes. Unos ojos que se cruzan con los suyos en el trayecto en tren de Chicago a Edgewood. Esos ojos azules pertenecen a Daniel, un joven de veintidós años que hace frente a sus propias pérdidas. En poco más de un año, perdió a su madre de manera trágica y a su padre por una larga enfermedad. También, de alguna manera, ha perdido a su hermano Jace por andar metido en asuntos turbios. Vive con su mejor amigo en la casa del lago que heredó de sus padres y lo único que le mantiene en pie día a día es su pasión por la música y su puesto como profesor de literatura. Cuando en el tren se cruza con la mirada triste de Ashlyn, no puede evitar querer saber más sobre ella y sobre el dolor que reflejan sus ojos verdes.

Daniel y Ashlyn son dos personas heridas, dos personas que encajan y que conectan, que desprenden una química que sobrepasa las páginas. Pero las cosas no van a ser fáciles para ellos, porque el destino les tiene preparado otro pequeño bache que superar. Daniel, no es otro que el señor Daniels, el nuevo profesor de literatura de Ashlyn y cuando lo descubran tendrán que luchar entre lo correcto y lo que les dicta su corazón.

(...) Te mereces mucho más que esconderte en los sótanos de un instituto. No mereces ser el secreto de alguien, Ashlyn. Mereces ser el estribillo de la canción favorita de alguien. Mereces ser la dedicatoria de su libro favorito.



Entre libros de William Shakespeare crecerá un amor bonito, no exento de esas escenas dulces que tanto nos gustan a las románticas empedernidas y, que personalmente, he disfrutado mucho. Pero haciendo honor a la verdad no he conseguido conectar con la historia de amor de Ashlyn y Daniel, o no de la manera que esperaba. Tristan y Elizabeth —de El aire que respira— me emocionaron, me dejaron el corazón en un puño, eran unos personajes muy reales, con un dolor palpable que me hicieron sentir en mi propia piel. En cambio, Ashlyn y Daniel, me han quedado algo lejanos, quizá porque hay situaciones que no me encajaban del todo.

La historia está contada por ambos protagonistas, cosa que siempre me parece un acierto, porque sabes en todo momento cómo se sienten o qué piensan en determinadas situaciones. Uno de los puntos fuertes de la historia es Gabby, la hermana gemela de Ashlyn. Está presente durante toda la historia de una manera preciosa. Sabía que iba a perderse grandes momentos de la vida de su hermana y quería estar a su lado de alguna manera, así que le deja una caja llena de cartas que Ashlyn deberá leer en el momento preciso. Esas cartas han formado parte de los momentos que más me han conmovido y hecho sonreír.

Me quedo una vez más, con ganas de seguir leyendo a Brittainy C. Cherry, porque pienso que cuando encuentre el equilibrio entre ese sentimiento que tan bien maneja y la dosis justa de dramatismo me va a enamorar.


Versión de Let it be de The Beatles

OTRAS RESEÑAS DE BRITTAINY C. CHERRY

El aire que respira (Los Elementos #1)