18 abril 2017

Don't give up, I won't give up


Un mes y ocho días han pasado desde que me despedí al son de La deriva de Vetusta Morla. Pero a partir de ese momento...

Empezaron a llegarme mensajes preciosos y sentidos que me hicieron replantearme la decisión que había tomado. Eliminé mi cuenta de Twitter y estuve a un paso de hacer lo mismo con la de Instagram. Después de meses sin hacerlo volví a escuchar a CocoRosie y con las primeras notas de Roots of my hair se encendió una bombilla. Leí manga como si no hubiera un mañana, porque había perdido las ganas de leer novela, o me las habían quitado de cuajo. Me alejé de las redes sociales —de las que se habían salvado de la quema—. Cuando recordaba los motivos feos por los que me había marchado, escuchaba a toda castaña Can't hold us y así me quitaba ese regustillo amargo que sentía. Me perdí en la biblioteca un par de veces y me llevé libros que hacía tiempo que quería leer. Descubrí qué era la famosa fiebre Ferrante de primera mano. Luca cumplió siete meses... y también ocho. Dejé de echar de menos el blog. La magia de ser nosotros fue el chasco que esperaba que finalmente no fuera. Hice las maletas y volví a casa un par de días. Fue el viaje en tren más pesado de los últimos siete años. Amélie Nothomb y su nostalgia feliz lo hicieron algo más llevadero. Me recibieron los abrazos y besos de mi abuela. El "Si tienes miedo, abrázame" que me dijo mi prima de siete años, mi niña, mientras jugábamos me hizo sentir el corazón lleno. Despedirme de mi abuelo minutos antes de subirme al tren de vuelta a Villa Brandon dolió un poco menos que la última vez. La decepción ya no escoció tanto y no necesité tiritas. Por primera vez sentí que esta pequeña ciudad era mi lugar, el sitio dónde debía estar. Leí nuevos mensajes y eché en falta los que sabía que jamás llegarían. Escuché en bucle Horse's Mane mientras escribía una nueva entrada del blog. La borré, pero me quité de encima el lastre que arrastraba. Decidí volver.



Este último mensaje es para ELLAS. No os rindáis, no perdáis el ánimo aunque el panorama a veces no sea nada alentador. No hagáis caso del ruido de alrededor aunque intente dejaros sordas. Sois las más grandes simplemente haciendo lo que os nace de dentro. Sois las más grandes amando la literatura como la amáis, sin esperar nada más que disfrutar de los libros, de las historias que caen en vuestras manos, luchando como lo hacéis para que las cosas cambien. La grandeza no se mide por el número de seguidores o el número de comentarios. Eso no vale una puta mierda. Para mí sois lo más grande, sincero y auténtico que me he encontrado aquí. Lo único por lo que merece la pena volver. No os rindáis, yo no me rendiré.
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