Corazones rotos, corazones salvajes

3.2.18

Me han roto el corazón cinco veces. Una de ellas por amor, las otras cuatro por amistad. Esas cuatro son las que más me han dolido, las que más cicatrices han dejado en mi piel. Hubo un tiempo en qué sentía que estaba perdiendo un poco la fe en la amistad, ahora me doy cuenta de que mi idea era demasiado romántica. Mis amigas eran las de toda la vida, las que crecieron y jugaron conmigo cuando éramos unas niñas. Mi mejor amiga lo era desde hacía más de veinte años. Supongo que por eso empezaron a romperse mis esquemas cuando el tiempo, la distancia y la vida nos distanciaron. Resquebrajaron algo que parecía eterno, irrompible, casi mágico. Con el paso de los años he aprendido que vivir es una aventura y que nunca sabes lo que te vas a encontrar en el camino. Soy de esas personas que se han tomado la vida siempre demasiado en serio y, ahora más que nunca, sé que no es bueno. Ni sano.

Lidia se cruzó en mi camino por sorpresa y desde el primer momento me hizo crecer. Entendí eso que dicen de que hay que tener cerca gente que nos sume y no nos reste. A su lado no he dejado de aprender, de descubrir y de compartir. De sentir orgullo y admiración. A su lado todo ha sido fácil, hasta lo más jodido. Su sonrisa permanente, sus consejos, sus ideas, su manera de ser, de sentir, de darse...

Hace unos años leyendo Fahrenheit 451 de Ray Bradbury descubrí una cita que me ha acompañado desde entonces: "No podemos determinar el momento concreto en que nace la amistad. Como al llenar un recipiente gota a gota, hay una gota final que lo hace desbordarse, del mismo modo, en una serie de gentilezas hay una final que acelera los latidos del corazón". Mientras escribo esto pienso en esa cita y en lo cierta que es. No sé en qué momento lo nuestro se convirtió en la amistad que tenemos hoy, en esa complicidad y confianza, pero el camino hasta llegar a ella ha sido bonito, repleto de momentos de esos que te llenan el corazón. Recuerdo uno en concreto, quizá fue el momento en el que vi más claro que era alguien importante y esencial para mí. Me regaló un libro que a ella le había gustado mucho y cuando ya nos habíamos despedido, mientras esperaba el tren en la estación, me di cuenta de que tenía una dedicatoria. Una dedicatoria preciosa que me llenó de luz. Lloré, lloré mucho. Lloré de alegría y también de miedo, un poquitín, porque la sensación de abandono sigue pegada a la suela de mis zapatos y, a veces, todavía es inevitable sentirla, desprenderme de ella. Mr. Brandon me dijo "Te lo mereces" y mi contestación fue "Es tan bonito lo que me ha escrito" y él lo entendió todo, entendió esas lágrimas que eran mezcla de muchas cosas. Bonitas y amargas. De ilusión y felicidad. De cicatrices y recuerdos. La gota que desbordó el vaso. Es uno de esos momentos que tu cabeza hace click y almacena, como una foto en blanco y negro pegada en un corcho en la pared formando tus recuerdos. Recuerdos inolvidables. 

Amiga, sigue haciéndole caso a tu corazón bonito y salvaje.
Siempre.
En todo.
Es lo que te hace única y especial.
Auténtica.

Feliz cumpleaños.
(Que suerte la mía de tenerte en mi vida...)

4 comentarios

  1. GRACIAS por este regalo. Lo esencial es invisible a los ojos, decía El Principito. Lo importante no es material. Estamos hechos de emociones y sentimientos y esos son los que permanecen en nuestra memoria. Así que gracias por dejarte un poquito de tu corazón -ese que ya sabemos que hay que cuidar- en esta entrada que es tan tú.
    Me la guardo para los momentos de dudas y de bajones. También para cuando quiera sonreír, respirar y tomar distancia. La guardo con todo el valor que tiene, que para mí es mucho.
    El día que la vida nos puso en el mismo camino, estoy segura de que la que gané fui yo. Sigamos creando recuerdos juntas y llenando de fotos esa pared de corcho que será nuestra memoria.
    Un beso enorme.

    ResponderEliminar
  2. Hola Mónica.
    Es precioso este homenaje a tu amiga.
    TE diré que en ese caso, me han roto el corazón muchísimas veces, o me lo he roto yo misma, no sabría decirte. El caso es que considero que a pesar de ese romanticismo, ni en la amistad ni en la vida, todas las relaciones sean para toda la vida, al contrario; vamos evolucionando y creciendo, madurando, teniendo otros intereses, y no siempre lo hacemos al mismo ritmo todos, y ahí comienza a llegar el resquebraje de hilos y de nexos de unión. Y cuando llega la ruptura, es dolorosísima, pero tb necesario.

    Un besote.

    ResponderEliminar
  3. Qué bonitoooooooooOOooooo.
    No puedo decir más!!

    ResponderEliminar
  4. Qué bonito escribes, Mónica. De verdad de la buena. Con la edad aprendes que esos rotos del corazón solo son ahora cicatrices que te hacen especial, y que eres tú gracias a ello. Qué maravilla de amistad la que hay entre vosotras, disfrutadla ❤

    ResponderEliminar